Desde los tiempos de los antiguos egipcios se conocía la relación de la salud con la columna vertebral. Hipócrates, 350 años antes de Cristo recomendaba a sus discípulos buscar en la columna vertebral la causa de muchas enfermedades y dedicó 2 de sus libros al arte de corregirla.

Dos principales obras de importancia médica son: “Sobre reducción de articulaciones por apalancamiento” y “Manipulación: su importancia para la buena salud”. Una frase atribuida a Hipócrates es “Obtener conocimiento de la columna, pues es el requisito para sanar muchas enfermedades”.

Después que Hipócrates diera a conocer la técnica de la manipulación, otro médico griego, Galeno; se hizo conocido en Roma, después de curar una parálisis de la mano derecha de un erudito romano. La historia señala que manipuló el cuello del paciente, aliviando su padecimiento, siendo una clara manipulación quiropráctica.

El primer ajuste quiropráctico fue llevado a cabo en la ciudad de Davenport en el estado de Iowa en el año 1895 por un hombre llamado Daniel David Palmer. Durante su vida D.D. Palmer fue maestro, granjero, vendió comida, y eventualmente practicó lo que se le conocía como “Sanador Magnético” en Davenport por varios años, antes de descubrir la Quiropráctica.

El quería saber porque dos personas que vivían en la misma casa, tomaban del mismo vaso de agua, respiraban el mismo aire y muchas veces tenían los mismos padres, podían tener tanta diferencia en cuanto a salud se refiere: uno era fuerte y saludable y el otro débil y enfermo. Palmer entendía que debía haber algo más que el medio ambiente influenciando nuestra salud. Su teoría era que este factor que diferenciaba los enfermos de los saludables era el funcionamiento del sistema neurológico. Palmer estaba interesado en encontrar la causa real de la enfermedad.

El 18 de Septiembre de 1895, D.D. tuvo la oportunidad de probar su teoría. “Harvey Lillard un conserje en el edificio “Ryan Block”, donde tenía mi oficina, había estado tan sordo por 17 años que no podía escuchar un vagón siendo arrastrado por la calle o el tic tac de un reloj. Yo le pregunte acerca de la causa de su sordera,  este me dijo que en una ocasión cuando estaba doblado, hizo una fuerza sintió un sonido en su espalda e inmediatamente quedó sordo. Una exanimación reveló una vértebra en su columna vertebral estaba fuera de su posición. Mi razonamiento fue el siguiente: si esa vértebra es re alineada su audición debe ser restaurada. Con este objetivo en mente y después de una plática de media hora para persuadir a el señor Lillard a que me permitiera re alinear esta vértebra, utilice la apófisis espinosa como “palanca” para re alinear esa vértebra y muy pronto el hombre pudo escuchar nuevamente. No hubo nada “accidental”, esto fue llevado con un objetivo en mente y el resultado esperado fue obtenido. No hubo nada “crudo” acerca de este ajuste; fue muy específico, tan específico que ningún quiropráctico lo ha podido igualar.” Palmer entendía que la sordera del señor Lillard se debía a un bloqueo o interferencia en los nervios que salen de la columna vertebral y controlan el oído. Esta interferencia se debía, de acuerdo a Palmer, a una irritación en los nervios que salen de la columna debido a una desviación en la columna. Al Palmer corregir esa desviación y posicionar la vértebra en su posición correcta la conexión nerviosa se abrió nuevamente y por ende la audición del señor Lillard fue restaurada.

Hoy en día sabemos que el mecanismo envuelto en esa desviación (Subluxación Vertebral) es mucho más complicada de lo que Palmer entendía. Pero, los conceptos de interferencia en el sistema neurológico, postulados por Palmer y el efecto detrimental que esta interferencia tiene en nuestra salud siguen igual o más validos que nunca a través de los últimos 117 años.

 

Encantado con su primer experimento informal, Palmer desarrollo su escuela, la Palmer’s School of Chiropractic (PSC), y formó a varios estudiantes, algunos de ellos médicos y osteópatas.

Desde 1913, cuando su padre murió, hasta que en 1924 introdujo el neurocalómetro (NCM), B.J. Palmer, el hijo de D.D Palmer, fue el claro líder de la mayoría de la profesión quiropráctica

Fuente : Walter Wardwell, PhD. ,

La Quiropráctica: Historia y Evolución de una Nueva Profesión” publicado por Mosby en 1993.