Ha llegado el año nuevo y con él el invierno, con sus frentes de aire polar, sus bajadas y subidas de temperatura, sus noches largas, sus tormentas, sus resfriados…
Un amigo médico me contó un día que un resfriado tratado con medicación suele tardar unos 7 días en desaparecer, mientras que el resfriado que “dejamos pasar” suele durar una semana. En general es mejor esta opción: le permitimos al cuerpo regenerarse y fortalecerse sin influencias químicas exteriores. En la quiropráctica siempre se habla de que la salud viene de arriba abajo, y de dentro hacia fuera, del cerebro a través de la medula y los nervios hacia el cuerpo, un agente químico sólo influye en el sistema suprimiendo ciertas respuestas naturales como tos, o fiebre. La tos, los estornudos, la fiebre, todos son sistemas de evacuación. ¡Fuera con todo esto! Tiempo de renovar el sistema para prepararlo bien para superar los retos que vienen (aire frío y húmedo, bajas temperaturas, etc.). El cuerpo a través de estas respuestas está limpiando el sistema de células antiguas, y de las bacterias que le ayuden a limpiarlos, una vez hechos su trabajo (por eso los peques tienen mocos verdes).
Los cambios del tiempo son un reto para nuestro sistema, pero no nos afecta por igual, se demuestra cómo está preparado tu sistema para afrontar la próxima temporada: los que no están al 100% tienen más probabilidad de encontrarse mal, o que tarden más tiempo en recuperarse. Al igual que los árboles y los animales saben cuando es el momento de iniciar la muda, nuestro sistema también detecta estos pequeños cambios indicadores, mejor que los detecta, más al máximo estas.
Una forma de ayudar estar al máximo es la quiropráctica, que puede resultar muy beneficiosa para nuestro estado de salud en general, por su acción reguladora en el sistema nervioso, a través del cual el cerebro controla nuestro organismo y también sus respuestas a los cambios con los que se encuentra a diario.
Fuente: mataro chiropratic