Desayuno saludable, muy rico y sin trigo

Desayuno saludable, muy rico y sin trigo

Granola de frutos secos o chocolate o coco, bebida fermentada energética de Chi o cualquier infusión, una fruta y kefir de cabra.

 

Granola:

Ingredientes:
Nosotros elegimos todos estos ingredientes ecológicos

-280g de copos de avena
– 170g de frutos de cáscara ( almendras, avellanas, pistachos, nueces, macadamia, anacardos, semillas de lino, de sesamo, de ampola…)
-2 cucharadas de aceite de coco
– 6 cucharadas de miel
– 1 ó 2 cucharas de mix de especies ( canela, Jenjibre, moscada, anís…)
-5 cucharadas de semillas de lino molidas (ponerlas antes en 5 cucharadas de agua durante 15 minutos)
– 1 cuchara de flor de sal o de sal de Himalaya
– 1 cucharada de vainilla

Añadir lo que prefieres:

– 30g de coco rallado sin azucar
ó
– 120g de fruta seca a eligir entrepor ejemplo: pasas, higos, frutos rojos, manzanas, platanos, arándanos, ciruelas pasas, mango, dátiles…
ó
– 60 g de chocolate negro en pequeños trozos

1. Poner un poco de aceite de coco en una placa del horno.
2. Poner todos los ingredientes menos los frutos secos y chocolate en una ensaladera y mezclar bien todo.
3. Poner la mezcla en la placa del horno y poner la mitad del horno.
4. Encender el horno a 150º y dejar la granola cocer durante 30 minutos, mezclando cada 10 minutos.
5. Sacar la granola, mezclar una última vez y dejar que se enfríe. Al enfriar, la granola se vuelve crujiente.
6. Añade los frutos secos que has eligido o el chocolate
7. Guardar en un recipiente herméticamente cerrado hasta un mes.

Este granola se puede acompañar con una infusión o una bebida energética de Chi o un zumo natural casero, con una fruta y un kefir de cabra.

¡Buen provecho!

Dieta depurativa/Antiinflamatoria

Dieta depurativa/Antiinflamatoria

¿Cuál es la nutrición optima? Dar a nuestras células lo que necesitan y evitar aquello que le resulte tóxico o interfiera con su funcionamiento para conseguir niveles de energía elevados y constantes, mente despierta y con capacidad de concentración, resistencia a infecciones, buenas digestiones, mejor tolerancia al estrés y un envejecimiento adecuado. Se ha demostrado que el ensuciamiento celular es la causa de muchas patologías. Ensuciamiento que en gran parte se debe al hecho de que la mucosa del intestino delgado puede volverse hiperpermeable cuando es sometida a la agresión de distintos agentes como bacterias malas, medicamentos y ciertos alimentos difícilmente digeribles, especialmente los cereales refinados, lácteos y derivados.

Idealmente deberíamos ingerir sólo 1 g de proteína animal por kilogramo de peso corporal al día. Esto ayuda a mantener el pH fisiológico de la sangre, de 7.36, ligeramente alcalino. Si la dieta es demasiado proteica los restos metabólicos tienden a acidificar la sangre. Para compensar debemos ingerir suficientes verduras, frutas y legumbres, ricas en vitamina y sales minerales orgánicas. Si no las ingerimos, el cuerpo recurre a las reservas de sales minerales almacenadas en los músculos y huesos para compensar la acidez. La tendencia a la acidez metabólica es una de las causas de inflamación crónica.

Hay que saber que las verduras, legumbres y frutas no ecológicas tienen pocos minerales. Además contienen trazas de pesticidas, herbicidas y metales pesados. Por lo tanto se aconsejan solo verduras, legumbres y frutas de cultivo ecológico.

ALIMENTOS PERMITIDOS

Pescado blanco o azul de calidad, plancha o cocido.

Pollo de calidad (criado al aire libre o ecológico).

Huevos ecológicos o camperos, escalfados, pasados por agua o a la plancha.

Arroz integral, mijo, quinoa, trigo sarraceno.

Centeno y avena. En función de la TOLERANCIA del paciente.

Legumbres

Frutas deshidratadas: dátiles, higos…

Frutos secos: almendras, nueces, avellanas, etc. (Siempre crudos).

Semillas: pipas de girasol, calabaza, lino, sésamo. (Agregar a las ensaladas)

Frutas frescas y de temporada, siempre fuera de las comidas excepto la piña y la

papaya que se pueden tomar después de comer. También se pueden tomar en

forma de licuados.

Verduras y hortalizas crudas o ligeramente cocinadas.

Aceites vírgenes de primera presión en frío.

Agua filtrada o mineral.

Leches vegetales: bebida de avena, arroz, avellana, almendra…(evitar la de soja)

Zumos y licuados de verduras caseros.

Sal integral (sal marina no refinada, sal del Himalaya o sal Gris de Bretaña).

Todo tipo de especias. La cúrcuma es una especia muy antiinflamatoria (Agregar a cremas de verduras, arroces…)

Azúcar integral de caña. Miel.

ALIMENTOS PROHIBIDOS

Leche y productos lácteos. (Excepto kéfir y/o yogurt de leche bio, preferiblemente no pasteurizada y sin azúcar).

Alimentos que contengan trigo o maíz: pan, pastas, pizzas, cuscús, bollería, repostería, galletas, cereales de desayuno, palomitas de maíz, maíz dulce…

Carne roja común y charcutería (jamón york, chopped, mortadela, lonchas de pavo).

Almejas, mejillones, navajas y/o berberechos.

Congelados, ahumados y productos envasados o en conserva, que estén conservados con aditivos, colorantes y conservantes tóxicos o cancerígenos.

Margarina y aceites comunes comerciales refinados (girasol, oliva, maíz…).

Frutos secos tostados, fritos y/o salados.

Azúcar y productos que los contengan (bollería, dulces, refrescos…).

Edulcorantes (Sustituir por stevia).

Sal refinada.

Refrescos normales y light. Alcohol.

Para mejorar las digestiones puedes tomarte las siguientes infusiones después de cada comida:

1. Poner a hervir semillas de hinojo y anís con agua de botella o filtrada. Dejar que hiervan 1 minuto, apagar el fuego y añadir ortiga verde. Dejar reposar durante 1 minutos filtrar y tomar sin azúcar. (Puedes añadirle un poco de miel o stevia)

2. Poner a hervir 1⁄2 limón de cultivo ecológico con 2-3 rodajas de jengibre y/o canela (1⁄2 bastoncillo o 1⁄2 cucharita). Apagar el fuego cuando el agua empieza hervir y dejar reposar. Filtrar y tomar sin azúcar.

(Estas infusiones nos ayudarán a descongestionar las vías hepáticas y biliares. Además tienen un efecto antiinflamatorio para el intestino y disminuye la formación de gases).

ES NECESARIO REALIZAR LA DIETA DURANTE UN PERÍODO MÍNIMO DE 3 A 6 SEMANAS, EN FUNCIÓN DE LA SINTOMATOLOGÍA DEL PACIENTE

TODA PATOLOGÍA PUEDE BENEFICIARSE DEL TRATAMIENTO DIETÉTICO O DE UN CAMBIO EN LA ALIMENTACIÓN

Ana Guerrero Romero D.C.

La importancia de los omegas 3

La importancia de los omegas 3

Las grasas ricas en omega-3 son esenciales para nuestro equilibrio. Estos ácidos grasos poli insaturados son esenciales para el funcionamiento del corazón y el cerebro y contribuyen a la prevención de muchas enfermedades como el cáncer, la diabetes o la obesidad.

Los omegas 3, son grasas que se encuentran naturalmente en las aceites de origen marino o de algunas plantas. Son grasas esenciales, lo que significa que el cuerpo no puede producirlas de manera natural, pero que tienen un papel muy importante en el funcionamiento del cuerpo humano.

Esencialmente lo podemos encontrar en el pescado azul, pero también son fuentes de ácidos grasos omega-3, alimentos como el aceite de colza, las semillas o el aceite de lino o las nueces.

. Los omegas 3 hacen parte de cada célula de nuestro cuerpo y son necesarios para mantener la forma propia de las células.

. ŸLos omegas 3 contribuyen a la flexibilidad de las membranas de las células, lo que ayuda a la circulación de la sangre y disminuye los riesgos de problemas cardiovasculares.

. ŸLos omegas 3 ayudan al funcionamiento del cerebro.

Ÿ. Los omegas 3 ayudan a tener una buena circulación de las informaciones a través del sistema nervioso, por ejemplo para la memoria y las capacidades cognitivas

. Los omegas 3 ayudan a reducir la inflamación en el cuerpo, especialmente cuando en el mismo tiempo, se reduce la cantidad de omega 6 que se come.

Comer Omega 3 ayuda a:

Ÿ – Artritis, artrosis

Ÿ – Cáncer

Ÿ – Alzheimer

Ÿ – Hiperactividad y déficit de atención

Ÿ – Colesterol alto

Ÿ – Problemas de corazón

Ÿ – Depresión, humor

Ÿ – Infarto

Ÿ – Accidentes vasculares

Ÿ – Hipertensión arterial

Ÿ – Osteoporosis

Ÿ – Diabetes tipo II

Ÿ – Autismo

Ÿ – Degeneración Macular

Ÿ – Menos estrés en la embarazada

Ÿ – Disminución de las mal formaciones del feto.

Ÿ – Desarrollo del cerebro del niño

Ÿ – Pelo más suave y más fuerte

Ÿ – Piel más suave con menos estrías

 

Donde encontrar los omegas 3 en mayor cantidad :

✓ Pescados azules: mejor elegir pescados pequeños que tienen menos mercurio y menos metales pesados. Por ejemplo: caballa, sardinas, arenque…

✓ Aceites o semillas de Lino

✓ Aceite de Colza

✓ Nueces y Aceite de Nueces

✓ Aceite de hígado de bacalao

✓ Aceite de cáñamo

✓ La yema de los huevos de gallinas ecológicas

✓ Leche materna

✓ Suplementación: Synerviol del laboratorio Nutergia

Se recomienda tomar dos cuchillas grandes de una de estos aceites cada día.

Para un funcionamiento del cuerpo óptimo, la proporción Omega6 / Omega 3 tendría que ser de menos de 5, y más de 2. Para llegar a eso, hay que bajar los alimentos que contienen muchos omegas 6 (Carne roja, productos lácteos de vaca, huevos de batería, aceite de girasol, de maíz) y comer más de los que contienen omegas 3.

 

Referencias: 

Birch, E. E., Garfield, S., Hoffman, D. R., Uauy, R., & Birch, D. G. (2000). A randomized controlled trial of early dietary supply of long‐chain polyunsaturated fatty acids and mental development in term infants. Developmental Medicine & Child Neurology, 42(3), 174-181.

Bourre, J. M. (2004). Roles of unsaturated fatty acids (especially omega-3 fatty acids) in the brain at various ages and during ageing. J Nutr, 8, 163-174.

Bucher, H. C., Hengstler, P., Schindler, C., & Meier, G. (2002). N-3 polyunsaturated fatty acids in coronary heart disease: a meta-analysis of randomized controlled trials. The American journal of medicine, 112(4), 298-304.

Calder, P. C. (2006). n− 3 polyunsaturated fatty acids, inflammation, and inflammatory diseases. The American journal of clinical nutrition, 83(6), S1505-1519S.

Connor, W. E. (2000). Importance of n− 3 fatty acids in health and disease. The American journal of clinical nutrition, 71(1), 171S-175S.

Cott, J., & Hibbeln, J. R. (2001). Lack of seasonal mood change in Icelanders.American Journal of Psychiatry, 158(2), 328-328.

Daviglus, M. L., Stamler, J., Orencia, A. J., Dyer, A. R., Liu, K., Greenland, P., … & Shekelle, R. B. (1997). Fish consumption and the 30-year risk of fatal myocardial infarction. New England Journal of Medicine, 336(15), 1046-1053.

De Vriese, S. R., Christophe, A. B., & Maes, M. (2004). In humans, the seasonal variation in poly-unsaturated fatty acids is related to the seasonal variation in violent suicide and serotonergic markers of violent suicide.Prostaglandins, Leukotrienes and Essential Fatty Acids, 71(1), 13-18.

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Dunstan, J. A., Simmer, K., Dixon, G., & Prescott, S. L. (2008). Cognitive assessment of children at age 2½ years after maternal fish oil supplementation in pregnancy: a randomised controlled trial. Archives of Disease in Childhood-Fetal and Neonatal Edition, 93(1), F45-F50.

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Hibbeln, J. R. (2002). Seafood consumption, the DHA content of mothers’ milk and prevalence rates of postpartum depression: a cross-national, ecological analysis. Journal of affective disorders, 69(1), 15-29.

Hibbeln, J. R. (1998). Fish consumption and major depression. Lancet,351(9110), 1213.

Hoffman, D. R., Birch, E. E., Castañeda, Y. S., Fawcett, S. L., Wheaton, D. H., Birch, D. G., & Uauy, R. (2003). Visual function in breast-fed term infants weaned to formula with or without long-chain polyunsaturates at 4 to 6 months: a randomized clinical trial. The Journal of pediatrics, 142(6), 669-677.

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Koletzko, B. (2005). Early nutrition and its later consequences: new opportunities (pp. 1-12). Springer Netherlands.

Krauss, R. M., Eckel, R. H., Howard, B., Appel, L. J., Daniels, S. R., Deckelbaum, R. J., … & Bazzarre, T. L. (2000). AHA dietary guidelines revision 2000: a statement for healthcare professionals from the Nutrition Committee of the American Heart Association. Circulation, 102(18), 2284-2299.

 

Qué debe comer para evitar el cáncer

Qué debe comer para evitar el cáncer

Qué debe comer para evitar el cáncer

Imagine que dejar de consumir ciertos alimentos pudiese llevar a las células cancerosas hasta la inanición…

De esta forma, el tumor que está en pleno crecimiento se detendría de inmediato. Al estar privado de alimentos, empezaría a consumirse y encogerse, hasta desaparecer. Según algunos investigadores, en algunos casos este sueño puede llegar a convertirse en realidad.

Ahora verá qué es lo que necesitan las células cancerosas para subsistir.

Las células pueden funcionar gracias a dos combustibles

Las células disponen de dos tipos de combustible: la glucosa y los ácidos grasos. Las células tienen que quemar estos combustibles para transformarlos en energía celular (ATP o adenosín trifosfato). Para ello necesitan oxígeno, que les llega a través de la respiración y la sangre.

El combustible y el oxígeno se queman en el interior de la célula, en las mitocondrias, que son unas “minifábricas” ubicadas dentro de las células y encargadas de producir la energía celular. Las mitocondrias pueden funcionar o bien con oxígeno y glucosa, o bien con oxígeno y ácidos grasos.

Cuando el oxígeno escasea

Sin embargo, las mitocondrias no disponen siempre del oxígeno suficiente. Por ejemplo, cuando corremos muy rápido y nos falta el aire, a nuestras células les falta oxígeno.

Por suerte, podemos seguir corriendo a pesar de todo, ya que nuestras células son también capaces de producir energía sin oxígeno, mediante un proceso metabólico intracelular anaeróbico, que les permite funcionar cuando no hay oxígeno. Sin embargo, sólo es posible con glucosa (y no con ácidos grasos).

Las células cancerosas son adictas a la glucosa

Las células cancerosas, que son muy agresivas, se reproducen con rapidez y pueden abundar en una misma zona, prefieren el metabolismo intracelular anaeróbico para poder funcionar.

Pero por otro lado, éste no es posible con los ácidos grasos, lo que significa que las células cancerosas requieren un gran aporte de glucosa. De hecho, necesitan 20 veces más glucosa que una célula sana. Hasta tal punto es así que el escáner PET (que es el que permite ver un tumor tras inyectar material radiactivo en una vena, que captan las células del cáncer y el escáner transforma en imágenes) puede servir para detectar el cáncer en un organismo observando únicamente aquellas células que consumen más glucosa.

Así, a las células cancerosas lo único que les interesa es encontrar glucosa a cualquier precio, como si fueran toxicómanos, y como tales se olvidan de su entorno.

Cuando sólo disponen de ácidos grasos, están abocadas a la inanición. De esta forma, la producción de energía celular desciende y las células cancerosas pierden su agresividad y su capacidad multiplicadora.

No ocurre lo mismo con otras células del cuerpo (como las del cerebro, el corazón y otros músculos), capaces de sobrevivir únicamente gracias a los ácidos grasos, pues su comportamiento es menos frenético.

Cáncer en cascada

La glucosa es, por tanto, el verdadero combustible de las células cancerosas. Además, la ingesta excesiva de azúcar también incrementa el riesgo de cáncer por otras vías:

  • El metabolismo anaeróbico de glucosa en las células produce ácido láctico, que a su vez produce una acidificación de los tejidos cancerosos, lo que favorece aún más el crecimiento del tumor.
  • A mayor ingesta de azúcar, mayor será su nivel de azúcar en sangre y más insulina fabricará su páncreas. Y es que la insulina estimula la producción de una molécula llamada Insulin-like growth factor-1 (IGF, factor de crecimiento similar a la insulina), una potente hormona responsable de la proliferación no sólo de las células sanas, sino también de las cancerosas.

Esto es lo que ha llevado a varios investigadores a proponer un régimen sin glúcidos, llamado régimen cetógeno, para ayudar a los pacientes con cáncer.

Régimen sin glúcidos contra el cáncer

En 2007, la doctora Melanie Schmidt y el biólogo Ulrike Kämmerer llevaron a cabo un estudio clínico con pacientes enfermos de cáncer en el hospital de Wüzburg, en Alemania. Los pacientes siguieron un régimen cetógeno, muy pobre en glúcidos y rico en grasas y proteínas. Nada de azúcares, cereales, pasteles, pasta, arroz, patatas, muy poca fruta, sólo carne y pescados grasos, huevos enteros, nueces, aceite de oliva y de lino y ciertas verduras.

Pero esto no era novedoso. Ya en 1924, el doctor Otto H. Warburg (premio Nobel en 1931) había publicado sus observaciones sobre los tumores y concluía así: «Una alimentación rica en glúcidos estimula enormemente el crecimiento de las células cancerosas«.

Los dos investigadores de Würzburg se toparon entonces con un gran escollo. El hospital sólo les autorizó probar el régimen cetógeno en aquellos pacientes que hubiesen agotado todas las terapias convencionales contra el cáncer: cirugía, radiación, quimioterapia e incluso terapias alternativas como la hipertermia y la autohemoterapia (sangre venosa reinyectada por vía muscular).

Es decir, que los pacientes ya se encontraban en muy mal estado de salud. Padecían cáncer de ovarios, de mama, de las glándulas parótidas, de huesos, de páncreas, de tiroides, de esófago y tumores agresivos del sistema nervioso resistentes a los tratamientos clásicos. Dos de ellos fallecieron en menos de un mes tras el inicio del estudio, otro lo dejó porque consideraba excesivamente difícil privarse de bebidas azucaradas y cereales, y otros seis lo dejaron por motivos personales. Otros dos pacientes dejaron prematuramente el estudio debido a un empeoramiento brusco de su estado de salud.

Sin embargo, los cinco pacientes que siguieron el régimen sin glúcidos durante tres meses mostraron resultados positivos. Los pacientes siguieron con vida, su condición física se estabilizó o mejoró, su tumor dejó de crecer y la enfermedad consiguió estabilizarse.

La eficacia del régimen cetógeno reside en el riguroso seguimiento de una alimentación lo más pobre posible en glúcidos (azúcares). Cuando los glúcidos escasean, el cuerpo produce cuerpos cetónicos derivados de las grasas que pueden proporcionar energía al cuerpo y al cerebro, pero un tipo de energía apenas utilizada por las células cancerosas. Bien es cierto que, en el estudio de los investigadores de Würzburg, sólo dos pacientes consiguieron reducir suficientemente su consumo de glúcidos como para producir abundantes cuerpos cetónicos. Estos resultados preliminares son en cualquier caso destacables y los investigadores dejan entrever una solución alternativa para el tratamiento del cáncer sin esperar a que se llegue al estado terminal de la enfermedad. (1)

Dos niños que se han beneficiado de la dieta cetógena

La primera experiencia humana con dieta cetógena aplicada en un tratamiento contra el cáncer la realizó en 1995 la oncóloga Linda Nebeling en dos niños que padecían tumor cerebral. Linda Nebeling trabaja actualmente en el Instituto Nacional del Cáncer en Estados Unidos.

Los dos reaccionaron de manera positiva, y en uno de ellos la progresión de la enfermedad se detuvo totalmente.

Resulta imposible sacar conclusiones generales a partir de una muestra tan reducida. Sin embargo, multitud de equipos médicos de todo el mundo se interesan hoy por el régimen cetógeno.

En 2012, el doctor Thomas Graeber, profesor de farmacología molecular y médica, publicó con sus compañeros de equipo un estudio que mostraba que la privación de glucosa activa un bucle de amplificación metabólica y de señalización que conduce a las células cancerosas a la muerte. (2)

Diversos estudios publicados en verano del 2013 en la revista Plos One señalan que las ratas cancerosas sometidas al régimen cetógeno mejoraban su supervivencia en comparación con un grupo testigo no sometido a ese régimen.

Combinado con un tratamiento mediante oxígeno hiperbárico, consistente en saturar las células cancerosas con oxígeno, la supervivencia de los animales aumentó en un 78 %. (3)

Estos resultados abren sin duda una vía de esperanza para los enfermos.

Advertencias indispensables

Hay que tener en cuenta que el régimen cetógeno causa algunos problemas, hasta el punto de que no debe seguirse sin supervisión médica. Puede provocar fatiga severa, porque el cuerpo necesita habituarse a este nuevo funcionamiento de las reservas de azúcar. El régimen cetógeno presenta también un déficit de:

  • fibra: provoca estreñimiento (o, paradójicamente, diarrea), que se puede contrarrestar con la ingesta de complementos alimenticios a base de fibras como el psilio o la pectina.
  • potasio: la mayor parte del potasio nos llega de las frutas y verduras, fuentes de glúcidos. Por ello debe tomarse un complemento de potasio o primar la ingesta de verduras pobres en glúcidos (col rizada, espárragos, berenjenas, pepino, brócoli, apio, lechuga, puerros y berros) y los aguacates.

Pero, sobre todo, el régimen cetógeno no debe seguirse en los siguientes casos:

  • insuficiencia renal, hepática o cardiaca, así como en caso de infarto reciente.
  • diabetes insulinodependiente y no dependiente sin supervisión médica.
  • durante el embarazo y la lactancia.
  • por cualquier persona durante más de 4 semanas sin supervisión médica.
  • en periodo de crecimiento (niños y adolescentes).
  • durante un tratamiento diurético o con corticoides sin supervisión médica.
  • en caso de trastornos del comportamiento alimentario.
  • después de una intervención quirúrgica.
  • en caso de enfermedad metabólica de los ácidos grasos (porfiria, déficit de piruvato carboxilasa y otras enfermedades genéticas raras).

Reduzca su riesgo a contraer cáncer

Sin tener que llegar a un régimen cetógeno, una alimentación pobre en glúcidos resulta beneficiosa tanto para prevenir el cáncer como para mejorar su tratamiento. Esto es lo que hay que hacer para reducir el riesgo de alimentar un tumor hambriento de glucosa:

  • reduzca su consumo de alimentos transformados e industriales, como los platos preparados, las harinas refinadas (blancas) y los alimentos que se fabrican con ellas (pan de molde, pan blanco, bollería y pastas blancas), así como las bebidas azucaradas y zumos.
  • coma cereales en cantidades que se adapten a su actividad física (puede evitar comerlos si no hace deporte).
  • haga de su plato una paleta de colores: verduras y frutas variadas en color son ricas en antioxidantes y disminuyen las inflamaciones (arándanos, uva roja, tomates y verduras verdes). Hay varias excepciones, por supuesto, como la coliflor, el rábano silvestre y los espárragos, que aunque son blancos resultan excelentes para la salud.
  • evite en la medida de lo posible las parrilladas y las frituras.
  • priorice los productos grasos de gran calidad: pescado graso pequeño, nueces de todo tipo, aceite de oliva virgen extra, aguacates, huevos ecológicos (enriquecidos con omega 3 si es posible).
  • evite los productos grasos industriales (vinagretas, mayonesas de todo tipo y, por supuesto, todas las galletas de aperitivo tostadas y saladas).
  • adapte su modo de vida para reducir las causas de estrés; cambie de trabajo, de ciudad y de actividades si éstas no le permiten llevar una vida suficientemente relajada.
  • reduzca el uso de productos tóxicos que puedan penetrar en su cuerpo (productos de limpieza, barnices, colas y plásticos).
  • tome una copa de buen vino al día, a poder ser tinto.

Fuente: Tener Salud

Las grasas que no deben faltar en su dieta

Las grasas que no deben faltar en su dieta

Las autoridades sanitarias nos dicen una y otra vez que las grasas son malas para la salud y, en especial, las grasas saturadas.

Todo el mundo – o casi todo el mundo-, se lo cree, aunque muy pocos sepan qué quiere decir exactamente grasas “saturadas”. ¿Pero eso importa? No es necesario haber estudiado la carrera de Medicina para imaginarse que algo “saturado” es sin lugar a dudas malo para la salud, ¿no?

“¡Estoy saturado!”

En realidad un ácido graso “saturado” es simplemente una grasa en la que todos los átomos de carbono están unidos con el máximo número posible de átomos de hidrógeno. Todos los enlaces con los átomos de carbono están ocupados (saturados), por lo que no es posible añadir otro más, ya sea de óxigeno, hidrógeno o nitrógeno.

Como consecuencia, la molécula es más estable y menos susceptible de oxidarse. Eso es bueno, ya que las grasas oxidadas son bastante perjudiciales para la salud. Según varios estudios, el colesterol oxidado es un marcador de la arterioesclerosis, el envejecimiento y estrechamiento de las arterias, y se encuentra en el origen de los ataques al corazón. (1)

Pero eso no es todo.

La alimentación tradicional de los hombres, antes de la introducción masiva de los cereales, era extremadamente rica en grasas saturadas. Nuestros antepasados, antes de la invención de la agricultura, comían de hecho muchas grasas animales, vísceras y crustáceos ricos en grasas saturadas.

La tribus del mundo que han mantenido un modo de vida tradicional ingieren también muchas grasas. Ahí tenemos a los inuit (esquimales) del Ártico que hasta hace poco comían básicamente grasa de foca, morsa, ballena y pescado azul, que contienen una proporción enorme de grasas.

Los masai, una etnia seminómada que vive de la ganadería y la caza en Kenia, se alimenta sobre todo de una mezcla de leche y sangre que obtienen de los terneros sin llegar a matarlos, a la que añaden plantas, raíces, cortezas y muchos vegetales. Su dieta es muy rica en grasas saturadas.

Lo mismo ocurre con los tokelauanos, que viven en un archipiélago del Pacífico dependiente de Nueva Zelanda y que se alimentan a base de coco y pescado. Tanto unos como otros poseen unos índices muy bajos de mortalidad por enfermedades cardiovasculares.

Este hecho lo corrobora el rico contenido en grasas de la lecha materna humana, que está formada en un 54% por ácidos grasos saturados. La leche materna es el alimento perfecto para el desarrollo de los bebés, y su alto contenido en grasas saturadas no es ni mucho menos un error de la naturaleza.

En 2010, un destacado estudio llevado a cabo con más de 347.000 personas no encontró ninguna relación entre el consumo de grasas saturadas y el riesgo de infarto, accidente cerebro vascular (ACV) o demás enfermedades cardiovasculares. (2)

Otro estudio publicado en 2010 en la revista médica American Journal of Clinical Nutrition demostró que las personas que desean reducir su riesgo cardiovascular no tienen que disminuir su consumo de grasas, sino más bien de glúcidos, entre los que se encuentran las féculas y el almidón (y por tanto, el pan, la pasta y los cereales, incluidos los integrales). (3)

Las personas que reducen su consumo de grasas saturadas y las sustituyen por glúcidos refinados (pan blanco, pasta, patatas…) aumentan su resistencia a la insulina, sus problemas de obesidad, de dislipidemia (nivel anormal de lípidos en la sangre), su nivel de triglicéridos y el colesterol.

De hecho, esa moda presente desde los años sesenta que consiste en comer más hidratos de carbono (sobre todo cereales) y menos grasas es la responsable del aumento de la obesidad, la diabetes y las enfermedades del corazón. No es casualidad que hace sólo un siglo sólo una persona de cada cien fuera obesa (¡incluso en Estados Unidos!) y apenas se conocieran las enfermedades coronarias.

E incluso cuesta más aún creer que en 1950 hubiera tan solo unos cien cardiólogos ejerciendo en toda España y ¡hoy ya son 4.000!

Esa explosión es un indicador de que algo ha cambiado y explica esta epidemia.

¿Y qué es lo que ha cambiado? ¡Nuestra alimentación!

Porque si es verdad que tomamos mucha carne roja y grasas saturadas, nuestra dieta también es peligrosamente rica en azúcares y glúcidos refinados.

Los alimentos que ocupan los primeros puestos en cuanto a consumo en los países industrializados son el pan, los cereales, los sándwiches, las pastas, las pizzas, las galletas, los pasteles, la bollería industrial, los postres de todo tipo, las patatas de bolsa y los fritos y aperitivos a base de patata, que son hidratos de carbono. La mayoría de los anuncios de alimentación están dedicados a este tipo de productos, ya que todos ellos se elaboran a partir de materias primas de la gama y precio más bajos.

Sin embargo, si se les añade mucha sal o azúcar, aromas y colorantes, y se presentan en envoltorios bonitos de muchos colores, se acaban vendiendo con un gran margen. Eso permite financiar las inversiones en marketing garantizándole al fabricante la rentabilidad.

Es mucho más difícil realizar acciones de este tipo con productos que ya son caros desde la base, como los aceites y verduras de alta calidad, la carne, el pescado o los frutos secos o rojos, que son buenos para la salud. Por eso la publicidad de estos productos es escasa, por no decir inexistente.

 

Las grasas buenas que hay que tomar

Mucha gente se hace un lío tremendo con las grasas poliinsaturadas, las monoinsaturadas, los ácidos grasos trans y los omega-3, 6 y 9.

Las fuentes buenas de grasa son:

  • el aceite de oliva, que es una grasa monoinsaturada que pertenece a la familia de los omega 9 (y, claro está, las aceitunas).
  • las nueces y almendras crudas, así como el aceite de nuez y el aceite de almendra, pero también las nueces de pecán, de macadamia, de Brasil y, aunque en menor medida, también las avellanas (todos ellos ricos en ácidos grasos poliinsaturados omega 3 y 6). Preste mucha atención a la hora de comprarlas. Cada vez es más difícil comprar frutos secos crudos de buena calidad. A menudo están muy rancios, lo que se percibe fácilmente, ya que tienen un sabor muy picante. Por desgracia esto quiere decir que los ácidos grasos poliinsaturados que contienen están oxidados y se han convertido en malos para la salud.
  • las grasas de animales criados al aire libre y alimentados con comida biológica.
  • los huevos ecológicos, y en especial los huevos de las gallinas alimentadas con semillas de lino (ricas en omega-3).
  • los aguacates.
  • la mantequilla de vacas alimentadas con hierba (y no cereales ni pienso, como la mayoría de las vacas europeas).
  • el pescado azul (sardina, caballa, anchoa, arenque…) y el aceite de pescado, entre los que se encuentra el famoso aceite de hígado de bacalao, que por desgracia ha caído en desuso y es víctima de una mala reputación, mientras que, para ser sinceros, su sabor no es en absoluto tan malo como se le dice a los niños.

¿Cuál es su ración de omega-3 y omega-6?

También es de suma importancia vigilar que haya un buen equilibro entre nuestros aportes de omega 6 y omega 3. Tradicionalmente, esta relación era de 4, 3 ó 2 frente a 1, pero hoy en día es más bien de 20 a 1, ó incluso de 30 a 1. Los omega-6 se encuentran presentes en los aceites baratos (aceite de girasol y maíz) que se pueden encontrar por todas partes, sobre todo en la comida industrial, mientras que los omega-3 se encuentran en aceites como el de nuez y en los aceites de pescado, menos extendidos y más caros.

Por desgracia, comer demasiado omega-6 y muy poco omega-3 conlleva un estado crónico inflamatorio en el cuerpo, lo que aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular y cáncer.

Haga todo lo que esté en su mano para reducir su consumo de omega-6 y aumentar el de omega-3. Sepa que el aceite de oliva no tiene ni uno ni otro, pero es un omega 9 en su conjunto bueno para la salud, siempre y cuando sea extra virgen y proceda de la primera presión en frío.

La grasa que se debe evitar a toda costa

Los ácidos grasos trans se tienen que evitar. Son por lo general procedentes del tratamiento industrial de los aceites, que se hidrogenan para solidificarlos y fabricar margarinas, o para proporcionar untuosidad y suavidad a los platos preparados, galletas y pasteles.

Las grasas que se fabrican así se conservan durante más tiempo en los almacenes y estanterías de las tiendas, pero perjudican gravemente la salud cardiovascular.

Nuestro cuerpo necesita grasa para funcionar de manera óptima

A pesar de todo lo que le he contado aquí, soy muy consciente de que, como todo el mundo, usted va a continuar desconfiando de los platos con “demasiada grasa”. No desespere. Hay que tener bien en cuenta que desde nuestra más tierna infancia hemos estado literalmente condicionados por la creencia de que las grasas son malas para la salud, y de que los buenos son los cereales, a ser posibles integrales y con el mínimo de acompañamiento.

No es fácil convencerse de que es justamente al contrario. Que en una tostada con mantequilla, lo que es malo es el pan, y lo que es bueno, la mantequilla. Y que en un frito, lo que es malo es la patata y lo que es bueno, ¡la grasa! Bueno, en este último punto reconozco que estoy exagerando, porque los fritos plantean el problema de que se cocinan a una temperatura demasiado alta (de 220 a 240ºC), lo que hace que la grasa sea tóxica y produzca un fenómeno de “glicación”, muy dañino para la salud.

La glicación es un proceso de transformación de los azúcares que puede hacerse tanto en la elaboración industrial de los hidratos de carbono como de un modo natural dentro del organismo. Los productos derivados de la glicación (PGA = productos de glicación avanzada) son muy perjudiciales para la salud.

Quiero que entienda el mensaje que quiero hacerle llegar. Las grasas saturadas son esenciales para la salud y ayudan a nuestro cuerpo a funcionar mejor. Garantizan un gran número de funciones importantes del corazón, los pulmones, el hígado, los huesos y el sistema inmunitario. Entran en la composición de las hormonas y de las membranas de las células y regulan la sensación de saciedad.

De hecho, uno de las grandes inconvenientes de las dietas pobres en grasa es que provocan una incontenible sensación de hambre, que provoca mal humor, irritabilidad, incluso depresión y pérdida de las ganas de vivir.

 

Fuente: Tener Salud, Santé Nature Innovation

Alimentos con gluten, ¿debe dejar de tomarlos?

Alimentos con gluten, ¿debe dejar de tomarlos?

No me toca decidir a mí si usted debe dejar o no de consumir gluten, sino que se trata de una decisión personal que debe tomar cada uno. Para proporcionarle la información que le ayude a adoptar la mejor decisión, debo remontarme en el tiempo para llegar a la forma de vida tradicional del hombre, compararla con lo que ha pasado desde que hemos empezado a tomar cereales, y por extensión gluten, y por último explicar los efectos sobre la salud de los nuevos trigos híbridos, que venimos comiendo de forma masiva desde los años 60.

Si lo que le cuento le dice algo, si se reconoce en los síntomas que describo, quizá le apetezca también intentar dejar el gluten, para ver la diferencia. Pero eso lo tiene que decidir usted.

El trigo, una bendición para la humanidad

Vamos a decirlo claro: el trigo, nuestra principal fuente de gluten, es una bendición para la humanidad. Si no fuera por él, aún viviríamos en cavernas, recorriendo el planeta en busca de larvas, hojas, raíces, bayas y animales.

El hombre no podía comer los cereales silvestres que encontraba en la naturaleza, ya que los cereales crudos contienen antinutrientes que bloquean la absorción de varios nutrientes como los minerales. Quienes comían cereales desarrollaban carencias y se debilitaban.

Por tanto, durante millones de años (se calcula que los primeros homínidos tienen 8 millones de años), el hombre se limitó muy a menudo a ser carroñero. Para no morir de hambre, tenía que comerse los animales que encontraba ya muertos, por edad o por enfermedad.

No fue hasta hace muy poco, en los últimos 100.000 años, cuando la situación empezó a evolucionar.

Los grandes descubrimientos que lo cambiaron todo

Hace unos 100.000 años, las condiciones de vida de los hombres comenzaron a mejorar considerablemente.

Por un lado, el hombre desarrolló la lanza, el arpón y la red, lo que le permitió (¡por fin!) comer carne y pescado frescos en grandes cantidades. Por otro, descubrió la cocción de los cereales, lo que reduce enormemente la acción de los antinutrientes.

No obstante, se trataba de cereales que crecían de forma natural, pues el hombre no sabía cultivarlos.

No fue hasta hace 15.000 años cuando tuvieron lugar los primeros intentos de cultivo de trigo (sin duda, el primer cereal cultivado por el hombre)… para interrumpirse al poco tiempo.

La vida agrícola, más difícil que la vida nómada (al principio)

Así es; rápidamente se comprobó que producir alimento propio era mucho más incierto que vivir de forma nómada. En primer lugar, a diferencia de lo que se pueda pensar, el principio de la agricultura no es tan evidente. Una muestra de ello es que, a pesar de los buenos consejos de su padre, mi hijo pequeño, que va a cumplir 5 años, se encuentra ahora tratando de hacer crecer un “árbol salchichero” en nuestro jardín, para lo cual ha enterrado y se preocupa de regar con esmero un trocito de salchicha fresca. (Por suerte, la supervivencia de mi hijo no depende de que el árbol dé sus frutos…).

Más tarde, nuestros ancestros se encontraban continuamente rodeados de tribus hostiles; de hecho, el 30% de ellos moría asesinado, frente al 3% de la población en el siglo XX (y ello a pesar de las dos Guerras Mundiales y los millones de muertos de las distintas dictaduras). Todavía a día de hoy, desde los kung (bosquimanos) del desierto del Kalahari, en Sudáfrica, a los inuit en el Ártico, pasando por los aborígenes australianos, dos tercios de los cazadores-recolectores contemporáneos viven en un estado de guerra permanente. El 90% se encuentra en situación bélica al menos una vez al año. ¡Y las mujeres son secuestradas y violadas una media de tres veces a lo largo de su vida por otra tribu! Desbrozar, arar, plantar y después recolectar requieren de un mínimo de tranquilidad y seguridad.

Además, suponiendo que tuviera semillas y que se encontrase en situación de paz, al hombre le resultaba muy difícil instalarse en un espacio el tiempo suficiente como para verlas crecer. La forma de vida antigua implicaba que cuando una tribu llegaba a un lugar, comía todo lo que se encontraba alrededor. No existía forma alguna de almacenaje. Si se había plantado algo, al llegar la época de la cosecha la tribu ya hacía tiempo que se había marchado.

Por último, los comienzos de la agricultura conllevaron un fuerte empobrecimiento de la alimentación, así como unas condiciones de vida más difíciles. Tan sólo existía un número limitado de plantas domésticas: el trigo escaña cultivada (una especie de trigo primitivo que fue precisamente el que se encontró en el intestino de Ötzi, el hombre del 3.300 a.C. encontrado en los Alpes italianos) y algunas clases antiguas de avena y cebada. La dieta de los primeros agricultores era entonces más pobre que la de los nómadas, y su salud, mucho peor.

La agricultura, mala para la salud

Aparecieron múltiples enfermedades, desconocidas hasta entonces y relacionadas con las carencias de su alimentación, empezando por la osteoporosis, la diabetes y los problemas cardiacos.

Los cereales son efectivamente muy calóricos por su alto contenido en almidón, que se convierte en glucosa al entrar en contacto con la saliva y los jugos digestivos (amilasa). Al ingerirlo, provoca una subida brutal del nivel de azúcar en sangre. Cuando este pico de azúcar alcanza el cerebro, estimula las mismas regiones de placer y dependencia que las drogas, lo que explica el lugar que han alcanzado los cereales y los productos a base de cereales en nuestra alimentación moderna.

Pero a largo plazo, los picos de glucemia son malos para la salud, pues aceleran el envejecimiento de todo el organismo y favorecen la diabetes. Además, los cereales son pobres en vitaminas y minerales en comparación con otros alimentos como la fruta y la verdura o las semillas y raíces consumidas por el hombre. Lo que contienen los cereales son las llamadas calorías “vacías”.

La situación sanitaria de los pueblos agrícolas se degradó aún más con el desarrollo de la ganadería, que fue posible gracias al sedentarismo. La convivencia con los animales provocó la aparición de enfermedades transmitidas por éstos, como la gripe, la viruela y el sarampión.

Como consecuencia, la esperanza de vida disminuyó. La altura media, asimismo, descendió desde el 1,78 m de los hombres y el 1,68 m de las mujeres, al 1,60 m y 1,55 m, respectivamente. Hubo que esperar al siglo XX para que la altura media regresara a los niveles anteriores a la aparición de la agricultura. En 1900, la esperanza de vida media de las personas a nivel mundial era de tan sólo ¡31 años! (1)

La agricultura no se inventó por motivos económicos

Tanto es así, que los antropólogos todavía no han entendido qué mosca le picó a los hombres para que se pusieran a cultivar cereales. Creen que fue por motivos de tipo ideológico o religioso, pero no económico. (2)

Algunas tribus se habrían puesto a cultivar cereales en el marco de rituales. Y sólo poco a poco se habrían dado cuenta de que podían recolectarlos y vivir de ello.

Explosión demográfica

He comenzado diciendo que el trigo había sido “una bendición para la humanidad”.

Y es que, a pesar de los efectos desastrosos de la agricultura en la salud de las personas, tenía una ventaja que acabaría siendo decisiva: cultivar implicaba la obligación de llevar una forma de vida sedentaria, permitiendo a las mujeres tener más hijos y a los hombres dedicarse a otras actividades como la ciencia o las artes.

En efecto, los cazadores-recolectores se desplazaban permanentemente y debían entonces cargar con sus hijos a la espalda, lo que suponía no tener más de un niño pequeño a la vez. Una mujer no podía tener más de un hijo cada cuatro años. Con la agricultura, el paleodemógrafo Jean-Pierre Bocquet-Appel calcula que el nivel de fecundidad pasó de una media de 4-5 niños por mujer a 7.

Tras los primeros intentos agrícolas, todavía se necesitaron más de 7.000 años para que se desarrollase la primera civilización que conoció un auténtico y exitoso desarrollo gracias a los cereales. Esto sucedió en el año 3000 a.C. en Mesopotamia (actualmente Irak), en una región llamada Media Luna Fértil.

Allí fue donde aparecieron las primeras ciudades de gran tamaño (Babilonia, Nínive). De eso hace ya 5.000 años. El pueblo que logró este tipo de explotación es el pueblo sumerio. Fue el primero en realizar la división del trabajo a gran escala, lo que permitió un gran aumento de la productividad y la riqueza, y le faltó tiempo para inventar después la escritura… y los impuestos.

A partir de ese momento, en lugares distintos y cada vez en mayor cantidad, el mundo ya no dejaría de sumar grupos de hombres que se beneficiaban de grandes excedentes de comida gracias al cultivo de cereales. Algunos se iban a poder dedicar ya no sólo a alimentarse y a luchar en las guerras, sino también a la artesanía, la industria, la religión, las ciencias o las artes. (3)

Al hombre le quedaba muy poco tiempo para viajar a la luna, inventar el teléfono móvil e internet.

El hombre digiere mal el trigo

Para poder digerir un alimento, es necesario tener en nuestro sistema digestivo enzimas correspondientes a ese alimento. Por esa razón las vacas y los caballos pacen, y nosotros no.

Las enzimas se pueden desarrollar a medida que evolucionan las condiciones de vida, pero eso no ocurre de un día para otro.

Ahora bien, los cereales pasaron muy rápidamente a ocupar un lugar predominante en la dieta alimentaria del hombre. La civilización sumeria, la primera en basarse fundamentalmente en la producción agrícola de cereales, data de hace tan sólo 5.000 años.

5.000 años puede parecer mucho tiempo, pero si equiparamos la existencia de la humanidad (8 millones de años hasta hoy) con un año de 365 días, es como si la producción agrícola de cereales hubiera empezado el 31 de diciembre a las 7 de la tarde…

Por tanto, al hombre no le ha dado tiempo a desarrollar las enzimas necesarias para digerir todas las proteínas contenidas en el trigo, y como verá son precisamente estas proteínas las que se encuentran en el origen de numerosos problemas de salud.

Estos problemas existen desde los orígenes de la agricultura, pero recientemente han alcanzado el nivel de epidemia por hibridaciones del trigo, que han hecho de él un alimento cada vez más extraño para nuestro tubo digestivo.

El trigo es un alimento hipermoderno

Ya se ha dado cuenta de que los cereales no tienen nada de antiguo ni tradicional a escala de la existencia del hombre. Son un alimento hipermoderno, que gracias a su forma de cultivo y a su riqueza calórica permite a la población multiplicarse, aunque con peor salud.

 

Fuente: Juan-M Dupuis

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